lunes, 10 de diciembre de 2012

La Hna. Rosario Raquejo conoció a Madre Belén

Vibraba con el ideal misionero que le impulsaba a entregarse a todos, sin medir sacrificios.
Era una Esclava total que supo vivir la espiritualidad de la Congregación centrada en el amor personal a Jesucristo, asumiendo las actitudes de María. Jesucristo fue para Madre Belén “Alguien vivo”, siempre presente en su vida.

Sabía unir a una espiritualidad profunda una sencillez y bondad incomparables. Su capacidad de amar y perdonar nos estimulaba en el diario caminar hacia el Señor. Superaba las circunstancias difíciles con grande espíritu de fe y oración. Nunca la oí hablar mal de nadie ni quejarse, aunque en ocasiones muy duras tuviera razones para ello.

Siempre admiré sus actitudes de humildad, bondad, perdón, su vida sencilla tan humana y llena de optimismo y olvido de sí para hacer felices a cuantos  vivían con ella; su servicio apostólico a todos sin interés de recompensa alguna y, sobre todo, su humildad, bondad y fidelidad al Señor. Su vida hablaba por sí. Madre Belén fue una verdadera Esclava.
 
Hna Rosario Raquejo, ADC.
(En Diario de una misionera)



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