lunes, 22 de octubre de 2012

Concha Montoto también conoció a Madre Belén



Bondad, abnegación, caridad, acercamiento a los pobres, son los cauces por los que discurre su amor a Jesucristo. Pero en el horizonte de su vida hay un “más” que la llama incesantemente: las misiones.
En Dianópolis, como en todas partes, Madre Belén se entrega a un trabajo agotador, urgida su caridad por tantas necesidades como la rodean.

Asombra su fecunda acción. Y asombra sobre todo la valentía con que llevó a cabo empresas que debieron costarle un enorme vencimiento, dada su natural timidez. Pero su amor a Jesucristo le comunicaba la fortaleza y arrojo en tantas obras apostólicas como emprendía.

Se vencía y se superaba hasta el heroísmo. Un heroísmo que a fuerza de repetirlo llegó a serle connatural.
Ejercitada en el sufrir y en el continuo darse a los demás, le sorprendió su última enfermedad. Delicadeza para con todos, bondad, olvido de sí, atención a cuantos la visitaban y una humildad sin límites era el ambiente que envolvía su situación de enferma. Junto a ella se palpaba la presencia de Dios, a quien tan sinceramente se había entregado.

Hna. Concha Montoto, ADC.
(En Hoja de difusión)

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