martes, 19 de marzo de 2013

La Hna. Marlene Bellici conoció a Madre Belén



Madre Belén fue una verdadera Esclava en el amor a Cristo y a los hermanos. Su vida de intimidad con Dios por la oración era un testimonio para su comunidad y un estímulo para todas. Era fácil encontrarla en horas de la noche delante del Señor. Hablaba de la oración como se habla de un amor profundo. Orientaba, ayudaba, a las que no sabíamos hacerla como ella, aunque en su humildad no pensara que era así. No dejaba a nadie angustiada por causa de la oración, tiempo o forma, pero estimulaba en la necesidad de esta misma oración.


Jamás, ni en medio de los grandes sufrimientos por los que tuvo que pasar muchas veces en sus cargos, se le oyó una queja de amargura o resentimiento contra alguien. Sabía perdonar, disculpar, olvidar. Ella sabía escuchar, sentir con las personas, pero ayudaba a mirar hacia lo alto y hacia el hermano con perdón y comprensión.


Amaba la cruz de Cristo, por ella se unía más al Señor y quería parecerse más a Él, que todo lo entregó por amor.


Personalmente ella servía siempre a los necesitados, por la palabra, por la dedicación y por la oración. Tenía un celo apostólico enorme.


Era una hermana firme, cariñosa, humilde y sincera. No compaginaba con el mal, pero  tenía su alma siempre abierta a cualquier persona que errase.

Su amor a la Virgen marcaba su forma de vida.




Madre Belén es mucho más de lo que se puede hablar sobre ella. Fue y sigue siendo ejemplo y estímulo de una vida entregada del todo al Señor y a los hermanos.


Hna. Marlene Bellici, ADC.

(En Diario de una misionera)

viernes, 1 de marzo de 2013

El padre Joatán nos habla de Madre Belén

Sacerdote, que había sido alumno del colegio de Dianópolis  en tiempos de M. Belén Actualmente (año 2.011) es Rector del Santuario Senhor do Bonfin en Natividade –Tocatins,  (Brasil) .
Madre Belén alentó y protegido su vocación y  en carta a una religiosa  le llama “ nuestro Joatán”.

Impresionaba en la personalidad de Madre Belén su bondad y sencillez de corazón para acoger a las personas, especialmente a los preferidos de Dios. Predominaba en ella como actitud cristiana la  caridad, la paz y la mansedumbre.


Padre Joatán
(En Diario de una misionera)

lunes, 10 de diciembre de 2012

La Hna. Rosario Raquejo conoció a Madre Belén

Vibraba con el ideal misionero que le impulsaba a entregarse a todos, sin medir sacrificios.
Era una Esclava total que supo vivir la espiritualidad de la Congregación centrada en el amor personal a Jesucristo, asumiendo las actitudes de María. Jesucristo fue para Madre Belén “Alguien vivo”, siempre presente en su vida.

Sabía unir a una espiritualidad profunda una sencillez y bondad incomparables. Su capacidad de amar y perdonar nos estimulaba en el diario caminar hacia el Señor. Superaba las circunstancias difíciles con grande espíritu de fe y oración. Nunca la oí hablar mal de nadie ni quejarse, aunque en ocasiones muy duras tuviera razones para ello.

Siempre admiré sus actitudes de humildad, bondad, perdón, su vida sencilla tan humana y llena de optimismo y olvido de sí para hacer felices a cuantos  vivían con ella; su servicio apostólico a todos sin interés de recompensa alguna y, sobre todo, su humildad, bondad y fidelidad al Señor. Su vida hablaba por sí. Madre Belén fue una verdadera Esclava.
 
Hna Rosario Raquejo, ADC.
(En Diario de una misionera)



miércoles, 28 de noviembre de 2012

La Hna. Amalia conoció a Madre Belén

Conviví con ella, la conocía muy bien; sé de sus grandes luchas y superaciones, fui testigo de grandes sacrificios y renuncias. Consecuente con su consagración religiosa, con el Fiat pronunciado el día de sus votos, se consagró a Dios para extender su reino donde se hiciese necesario, sin límites geográficos, porque para ella la única realidad era anunciar el amor de Jesucristo.

Hna. Amalia Altolaguirre, ADC.
(En Diario de una misionera)

lunes, 22 de octubre de 2012

Concha Montoto también conoció a Madre Belén



Bondad, abnegación, caridad, acercamiento a los pobres, son los cauces por los que discurre su amor a Jesucristo. Pero en el horizonte de su vida hay un “más” que la llama incesantemente: las misiones.
En Dianópolis, como en todas partes, Madre Belén se entrega a un trabajo agotador, urgida su caridad por tantas necesidades como la rodean.

Asombra su fecunda acción. Y asombra sobre todo la valentía con que llevó a cabo empresas que debieron costarle un enorme vencimiento, dada su natural timidez. Pero su amor a Jesucristo le comunicaba la fortaleza y arrojo en tantas obras apostólicas como emprendía.

Se vencía y se superaba hasta el heroísmo. Un heroísmo que a fuerza de repetirlo llegó a serle connatural.
Ejercitada en el sufrir y en el continuo darse a los demás, le sorprendió su última enfermedad. Delicadeza para con todos, bondad, olvido de sí, atención a cuantos la visitaban y una humildad sin límites era el ambiente que envolvía su situación de enferma. Junto a ella se palpaba la presencia de Dios, a quien tan sinceramente se había entregado.

Hna. Concha Montoto, ADC.
(En Hoja de difusión)

lunes, 17 de septiembre de 2012

Hna. Consuelo Ojeda conoció a Madre Belén



Siempre disponible y siempre abierta a la esperanza. Una característica de su personalidad fue una gran sensibilidad ante el dolor de sus semejantes. Se preocupaba por los demás. Buscaba siempre a los más desgraciados, solitarios y pobres. Soñó siempre con ser misionera. Era buena, agradable y siempre deseaba complacer.


Toda la vida buscará para ella lo peor, en bien de los demás. Amaba extraordinariamente a los pobres. Los socorría, los enseñaba. Era muy sencilla, simpática, amable, bondadoso para con todos.

Hna. Consuelo Ojeda, ADC.

(En su biografía de Madre Belén)

jueves, 6 de septiembre de 2012

Hna. Celia dos Santos conoció Madre Belén


En los once años que tuve la suerte de tenerla como Superiora puedo asegurar que siempre la ví coherente con su vocación de Esclava. Las que trabajamos con ella en Dianópolis sabemos cómo vivió intensamente entregada a las almas, en aquellos sertones del nordeste goiano, Misionera, con grande amor a las almas, que le hacía pasar por encima de toda clase de sacrificios , superar obstáculos, vencer situaciones repugnantes a la naturaleza con  el entusiasmo propio de quien está llena del amor de Dios.

No había obstáculo para ella cuando se trataba de hacer el bien. Sus ansias de salvación de los hermanos le llevaron a situaciones bien difíciles y muchas veces incomprensibles para aquellos que no entendían del celo apostólico. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, cuanto más pobres y sufrientes, cuanto más repugnantes en apariencia, más dignos eran de su amor.

Tractores, camiones, carros de bueyes, “jeeps”, frágiles embarcaciones fluviales, de todo se servía para llegar hasta donde se hacía necesaria su presencia misionera. Cada una de aquellos viajes misioneros era un riesgo.  Y para ella, un continuo renovar su confianza en Dios. Porque tenía miedo; todas lo sabíamos, y eran horas y horas atravesando el “mato” sin ver alma viva. Normalmente la sed era nuestra compañera inseparable.

Nunca la vi quejarse de las incomodidades  que se pasaban en aquellos viajes y estancias en  carentes hasta de lo más imprescindible. Ella aceptaba todo con aquella bondad y amor que nos contagiaba a todas.  Cuantas veces a la vuelta de esas caminatas, cubiertas de polvo y suciedad, nos hacía olvidar todo para pensar que fuimos instrumentos de Dios para con aquellas pobres criaturas.

Su caridad era sin límites. M. Belén amó con el corazón de Cristo. Y por eso sabía perdonar con aquella capacidad de perdón propia de las almas muy amantes del Maestro.

Su capacidad de perdón, su bondad, siempre serena incluso cuando era seriamente ofendida, sólo era comprensible porque era una persona de mucha oración, intensamente eucarística, de fe profunda. En una palabra, M. Belén procuraba vivir seriamente el Evangelio. Fue un alma enamorada de Dios.

Por esto, nunca nos extrañó saber de conversiones innumerables que se daban a su paso por aquellas tierras, movidos por sus consejos y oraciones. Y nunca más se olvidaron de “aquella santa” como cariñosamente la llamaban.

Hna. Celia dos Santos, ADC.